Después de muchos años entrando y saliendo de plantas de hormigón, he aprendido que las averías que más enseñan no son las más complicadas, sino las más engañosas: esas en las que el síntoma aparece en un sitio y el culpable está en otro. Uno mira donde duele, y la causa está en la habitación de al lado.
Voy a contarte dos averías reales, de la misma empresa, separadas por unos cuantos años. Dos problemas que no se parecían en nada. Y detrás de los dos, el mismo elemento.
La primera vez: faltaba cemento
Me llamó un técnico al que conocía. En una de las plantas de esta empresa, los números no cuadraban. Camión tras camión, faltaba cemento.
El técnico había hecho lo que se hace normalmente. Lo primero, tarar la báscula de cemento. Ese suele ser el problema. Pero el descuadre siguió. Así que comprobó las células, y aun estando bien, por orden del dueño las cambió todas. El problema, otra vez, seguía ahí. Como último recurso cambió el cableado, toda la línea de la báscula. Instalación nueva de arriba abajo. Y el cemento seguía faltando.
Fue entonces cuando el dueño empezó a pensar mal de su proveedor de cemento. Convencido de que le robaban, contrató por su cuenta una báscula portátil y pesó los camiones de cemento uno a uno. Su sorpresa fue mayúscula: lo que marcaba la báscula portátil coincidía exactamente con los albaranes.
El técnico se había quedado sin ideas. Y como sabía de mi experiencia en plantas de hormigón, me llamó y me contó el caso. Mientras me lo contaba, yo ya me hacía una idea de cuál podría ser la avería. Aun así, quería estar seguro y le dije que me llevara a la planta para verlo.
Cuando llegué a la planta, lo primero que hice fue subir a ver la báscula de cemento. Y ahí estaba. Justo lo que había pensado. Como no llevaba una cuerda a mano, me quité el cinturón. Aflojé la abrazadera inferior del manguito, lo estrangulé un poco con el cinturón —lo justo para que, al volver a apretar la abrazadera, el manguito quedara holgado— y lo dejé recto y sin tensión. Antes de bajar, le enseñé al de mantenimiento la forma correcta de montar un manguito.
El manguito (la manga flexible que une la boca de la báscula de pesaje con el sinfín) estaba tenso. Y un manguito tenso deja de ser flexible: se convierte en un puente rígido que soporta carga. En vez de dejar que todo el peso baje a las células, se lleva una parte. Resultado: la báscula pesaba de menos en cada pesada.
Antes de irme les advertí que durante todo el tiempo que duró la avería, la báscula había estado echando cemento de más. Eso significaba que sus estudios de resistencia estaban falseados: donde ellos creían tener una fórmula con 250 kilos de cemento por metro cúbico, en realidad había bastantes más. El día que la báscula volviera a pesar bien, esas mismas fórmulas se quedarían cortas, y no sabrían por cuánto. Así que les recomendé subir el contenido de cemento en todas las fórmulas, de forma provisional, y mantenerlo hasta sacar probetas nuevas y rehacer los estudios de resistencia con la báscula ya corregida.
Años después: saltaba el térmico
Pasó el tiempo y volvieron a llamarme. Otra planta de la misma empresa, otro problema que, a primera vista, no tenía nada que ver con el anterior.
Les saltaba, con una frecuencia rara, el térmico que protege el motor de uno de los sinfines. No saltaba siempre, solo de vez en cuando, pero demasiado a menudo. Habían cambiado el térmico por si estaba defectuoso, y seguía saltando. Habían revisado el motor y el sinfín buscando un atasco, y no lo había. En teoría, tras revisarlo todo, estaba todo bien. Y sin embargo, saltaba.
Cuando llegué, lo primero que hice fue subir a ver la báscula de cemento. Y enseguida detecté el problema.
El manguito estaba retorcido sobre sí mismo, obstruyendo parte de la entrada del cemento. Y para colmo, era de un material más duro de lo normal. Se lo habían puesto así a propósito. "Este aguanta más", me dijo el de mantenimiento, muy convencido.
Ahí me dieron ganas de quitarme el cinturón otra vez. Pero no para estrangular el manguito, que ya estaba bien estrangulado, sino para arrearle un poco al de mantenimiento.
Me contuve, subí, aflojé la abrazadera, puse el manguito recto, le di algo de holgura y volví a apretar. Después recomendé cambiarlo por uno de material más flexible.
Lo que las dos averías tienen que contarte
El mismo elemento. Un manguito. En la primera planta estaba tenso y hacía de puente rígido: robaba peso a las células y la báscula pesaba de menos. En la segunda estaba retorcido y era demasiado duro: estrangulaba el paso y el sinfín tenía que empujar contra él hasta que saltaba el térmico. Tenso te falsea el peso; retorcido te ahoga el motor. Dos averías que no se parecen en nada, provocadas por el mismo elemento en dos posturas distintas. Por eso costó tanto verlas: nadie relaciona "me falta cemento" ni "me salta el térmico" con esa manga de goma que casi nadie mira.
— Paco LorenteEspecialista en plantas de hormigón